Biografía
Mis tatarabuelos y abuelos vivían en la misma calle del pueblo donde nacieron: Massa d’Albe, distretto di Avezzano, Provincia di L’Aquila, Italia. Allí habrían muerto si, a principios del siglo XX, no se les hubiera ocurrido la peregrina idea de l’America puttana.
Todos sus descendientes fueron argentinos, nacidos y muertos en La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Por falta absoluta de interés, ninguno de ellos se movió y algunos apenas salieron de la ciudad.
Aquellos eran analfabetos; estos, casi. Los varones promediaron la escuela primaria, las mujeres no tuvieron tanta suerte: mi madre sólo cursó el primer grado.
No pudieron, no supieron, no quisieron superarse. No pudieron, no supieron, no quisieron progresar. No pudieron, no supieron, no quisieron salir del barrio. Vegetaron anclados en una silvestre vida inofensiva.
Cultura, riqueza y mundo tampoco garantizan ser lo que se es, y, sobre todo, ser mejor. No pocos cultos, ricos y mundanos viven —eso creen, eso dicen— sumergidos en pantanos tenebrosos.
Prefiero la negligencia y la pereza del Purgatorio dantesco a la malicia violenta, fraudulenta y traicionera. Prefiero la mansa, ignorante, pobre y barrial inocencia a la bestialidad del Infierno. También la eligen muchos poderosos para aprovecharse. Pero no les conviene y no se lo recomiendo.
Yo nací el 31 de diciembre de 1949, 22.30, para molestarlos a todos y tenerlos en vilo. Pero me anotaron el 01/01/50. ¡Cuántos 000! En el tarot, 0 ó 22 es El Loco. Capricornio y Búfalo (aunque ya casi Tigre, lindo conflicto). Alfa y Omega, principio y final. Fue en La Plata, esquina de 68 y 115, casa de la partera Aurora, barrio del Mondongo (pero nos mudamos enseguida unas cuadras más allá, barrio Policlínico). Hijo único de mi madre (39) y mi padre (42). Soy el menor de esa generación, sin ningún adelantado, ni prócer, ni eminencia que lustre, ilustre y/o ilumine mis apellidos.
Don Domingo era jugador, borrachín y pendenciero. Doña Adela Leonor Panei, viuda de otro espécimen similar, ama de casa que aguantaba. No estaban casados (¡horror!), un escándalo para la época. Había que ocultarlo. Yo lo descubrí desde muy chico, por mis propios medios (como el cuento de los Reyes, el de la cigüeña y tantos otros, hasta hoy día). Era (y soy) muy curioso.
Escuela primaria en Santa Margarita María de Alacoque, parroquia de San Pablo (también barrio del Mondongo, pero yo era del barrio Policlínico). Recién hacia mis 40 años reconocí el gran trabajo que las monjas habían realizado conmigo. Secundaria en la Escuela de Educación Técnica Nº 4, Juan Bautista Alberdi (entonces en el barrio del Bosque). Luego, Bellas Artes.
Durante más de un lustro pertenecí a un cierto monasterio.
Guardo para mí algunos recuerdos, con otros preferiría no hacerlo.
CV
EDUCACIÓN
1982 Universidad Nacional de La Plata-Facultad de Bellas Artes.
Profesor Superior en Pintura.
Licenciado en Pintura.
DIRIGENCIA UNIVERSITARIA
1985-1989 Universidad Nacional de La Plata-Facultad de Bellas Artes.
Consejero Académico y Presidente del Centro de Graduados.
DOCENCIA
Primario, secundario, terciario y universitario, público y privado, desde 1979.
MUESTRAS
Nacionales e internacionales, desde 1969.
Obras en colecciones privadas.
MENCIONES
1975 Mención Especial.
1997 Mención Especial.
CONFERENCIAS
Ciclos de Historia y Teoría del Arte, desde 1982.
JURADO
Salones de Artes Plástica, desde 1982.
CONGRESOS Y JORNADAS
Nacionales e internacionales, desde 1984.
LITERATURA
1997 Tras la aurora (novela inédita).
2000 Divino Dante (novela inédita).
2001 Cien años de exilio (novela inédita).
2006 euro/tango (novela inédita).
2007 Bruselas (novela en elaboración).
RADIO
2005 Colaboración en De origen italiano (Radio El Mundo AM 1070 – www.radioelmundo.com.ar).
2006 Colaboración en Buonasera, Argentina (Radio El Mundo AM 1070 – www.radioelmundo.com.ar).
PARTICIPACIÓN SOCIAL
2003 Miembro Fundador y Presidente de la Fundación Puentes.
2004 Miembro del Centro Abruzzese de Buenos Aires (CABA).
Coordinador Subcomisión de Cultura).
2006 Miembro Fundador de la Cámara de Comercio Abruzzesa Ítalo-argentina (Vocal).
Obra
Artes Visuales
Pinturas
¡PRÓXIMO ESTRENO!
Dibujos
Literatura
Siempre frecuenté la literatura como lector, ocasionalmente escribía algún texto. Desde 1984 creció mi interés por ella, hoy ocupa el lugar principal.
Preferiría lectores reflexivos que perciban los espesores textuales, que espíen los secretos del número y la geometría, que atraviesen el puente tendido hacia el enigma que asoma desde la otra orilla.
Novela:
Tras la aurora (180 p.)
Dos hermanos buscan a un amigo, que nunca volverán a ver, pero encontrarán el manuscrito que escribía. Leen, experimentan y deciden publicarlo. Relata la formación de un grupo poco frecuente, en la década del setenta, entre el final de una dictadura y los primeros años de otra. Una historia de compromisos y abandonos, de alturas y bajezas, de arrepentimientos y renuncias. Narración nocturna y diurna, de un claroscuro tragicómico, pusilánime y heroico.
PRÓLOGO
Revisamos nuevamente y allí estaba la puerta.
Sentí que un papelito rosa, al comienzo de Aurora de Nietzsche, era el Sésamo, ¡ábrete! de Alí Babá:
¡CUANTAS AURORAS HAY QUE TODAVIA NO HAN LUCIDO!
CARPETA 8
La cita del Rig Veda señalaba un camino, no imaginamos su descenso infernal.
Una semana antes de este primer signo, en junio de 1980, el solitario anochecer de su pequeño dúplex me hizo recordar el día que conocí a Bernardo Real. El Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata homenajeaba a un pintor argentino y yo contemplaba una obra, cuando escuché desde atrás:
—¿Qué opina?
Giré mi cabeza hacia la voz y contesté:
—Es muy interesante.
—¿Qué busca usted en el arte?
—La expresión del color y de la forma.
—Se contenta con poco.
—También el mensaje, claro.
—¿Cuál ve aquí?
—Aún ninguno.
—Ni lo hallará.
—¿Por?
—No tiene, es plano.
—Al contrario, hay profundidad, fíjese en la perspectiva.
—No me refiero a eso: es un arte que llena los ojos, pero no el alma, está vaciado de contenido.
—Las obras de arte siempre dicen algo.
—Las obras de arte, sí. De cualquier manera, todo el universo habla desde niveles superiores e inferiores.
—¿Racismo?
—El cosmos es jerárquico.
—A ver si entiendo: formas y colores siempre son expresivos, el continente es el contenido, el medio es el mensaje. Pero habría obras más artísticas que otras. Según usted, ¿qué falta aquí?
—El autor es un desconocido.
—¿Qué? ¿Con su amplia trayectoria internacional?
—No aludo a sus antecedentes, me refiero a él: se desconoce a sí mismo.
—Nadie se conoce.
—No crea, aunque en parte es cierto.
La presentación de la muestra interrumpió nuestro diálogo. Reconocí que algo me atrajo de él a pesar de su actitud pontificadora. Meses después me saludó desde un café y comenzamos a frecuentarnos.
El frío me inquietaba más que la tardanza de Bernardo Real y opté por irme.
El departamento no había cambiado cuando volví por la mañana. Pasé por su oficina y estaba cerrada. Lo busqué hasta el mediodía, después trabajé y volví a mi casa. Mi hermana me esperaba y retornamos al dúplex. No queríamos reconocer la silenciosa sospecha que nos amargaría la vida durante los próximos años.
Hasta que comprendimos.
Insistimos una y otra vez, todavía esperanzados de hallarlo. Nada. Tratamos de seguir algún indicio. Fracaso. Organizamos el fin de semana para recorrer los lugares habituales. Inútil. El lunes estábamos a la misma hora, intercambiando las mismas palabras y con las mismas dudas. Sentíamos un hueco en el pecho que no llenaríamos por mucho tiempo.
Hasta que comprendimos.
La carpeta apareció junto a una enciclopedia de animales, casi al amanecer. Tenía doscientas cinco páginas, y faltaban algunas. Hojeamos sin entender, percibiendo un mundo del que estábamos excluidos, como si fuese otro Bernardo Real, quizá varios, a quien nadie tenía acceso, por lo menos no nosotros.
Divino Dante (230 p.)
La novela comienza en la página 3 y termina en la 4, pero luego de recorrer 230 páginas y tras girar el libro. La fractura espacio-temporal del relato y la utilización convencional del volumen como objeto cifra su historia. El narrador cuenta cómo se remontó a las estrellas desde la plaza central de La Plata, acompañado por sus tres mentores —Dante, Beatriz y Virgilio—, mientras suena la última campanada del año dos mil.
CAPITULO 1.- TINIEBLAS
Pero no podrán atraparme, Rollo, ya lo verás. Asomaré la cabeza de nuevo.
Los que valemos, siempre, salimos a flote.
Graham Green - El tercer hombre
¿Quién?
¿Quién soy?, me pregunté, mientras sonaba la última campanada de dos mil.
El cuadrado verde y blanco de la plaza Moreno platense contenía mi derrumbe.
¿Quién soy yo?
Regularidad urbana, diagonales tortuosas, laberinto cartesiano.
¿Quién soy, quién?
La noche lujuriosa engañaba mis sentidos, su soberbia cubría mi humildad, su aullido anunciaba mi fracaso.
¿Quién soy yo, quién soy?
Las tinieblas ceñían mi cuerpo.
¿Quién o qué?
Descuidaba y posponía, omitía obrar y luego ya era tarde, perdía por falta de alerta, escurriéndose todo entre mis dedos pues no veía, ni oía, ni entendía, y si lo hacía, no actuaba.
Cumplí con tu tarea, noche, y aplastame para siempre bajo tu negrura sin luna ni estrellas, sin ángeles ni santos, sin cielo ni dios.
No me mires más, noche, ni me cantes: aniquilame o aniquilate.
Rondé y me senté a contemplar mi laxitud abúlica. Rondas y sentadas. Me levanté, corrí, desesperé, traté de no caer, caí, me dormí, desperté embotado, postergué.
Memoria, lenguaje, pensamiento, idea.
¿Qué recuerda mi recuerdo?, me preguntaba. Mi brazo, el golpe dado; mi sexo, las caricias recibidas.
¿Cómo recordaría el registro completo de mi vida: músculos, órganos, fluidos? ¿Soporto o tolero o evito o extermino o aniquilo el mal o lo malo o lo maligno o la malicia? Si comprendo mi debilidad, me vuelvo fuerte, afirmé, pero ¿cómo rastreo la comprensión final? Desenterrar, desenterrar, vuelvan los muertos vivos a morir dignamente para resucitar.
Retornaba a los viles laberintos de la mente, de las emociones y del cuerpo, sin centro ni bordes, maraña texturada de túneles donde yo corría tras los brillos y equivocaba la dirección y el sentido, sobreexcitado por las sirenas de la mediocridad.
Lloré, lloré y lloré.
Las lágrimas alimentaron el remordimiento que produjo más llanto, e invaginado sobre mí mismo, retomé el proceso inconcluso. ¿Qué ofrecería si no, un manjar a medio cocer? Pero en mi pecho suspiraba la angustia del agua estancada, lago negro y muerto.
Levántate y anda, dijeron, y Lázaro revivió, el pobrecito.
Mi ignorancia de Eros me sumergía sediento en las aguas turbias, insaciable, irredento, inmóvil. ¡Luz, más luz!, parodié, porque una palidez cenicienta se deslizaba silenciosa por mis vísceras desesperanzadas.
Elevé un canto, elevé otro y uno más.
Gigantes encaramados en el poder mundial exhiben sus soberbias crestas erguidas, se pavonean altaneros, pretenden aniquilar toda oposición, combaten al rebelde y subyugan a quien se pliega con docilidad. Violan la Ley. Pero inclinarán la cabeza o se destruirán entre sí, y sus escombros abonarán de experiencia el suelo donde se construye el pueblo áureo.
Cien años de exilio (205 p.)
Acaso la última descendiente de una familia italiana relata un siglo de exilio en Argentina, escoltada por un universo empeñado con la regresión. Inversamente, un diario oculto de Friedrich Nietzsche, heredado por la narradora de manos del narrador de Divino Dante, progresa desde el fondo de los tiempos. Las historias se interceptan con la Historia y, como un alineamiento planetario que potencia acontecimientos, el texto se dispara hacia el pasado más remoto.
FRAGMENTO INICIAL
Un íntimo amigo de mi padre me encomendó, del mismo modo que la madre de la abuela Germaine a su hija, aunque más difícil para mí, la tarea de continuar su trabajo, que abandoné por contraórdenes, dijo.
19/03/08 ·
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Autor: rexonarte ·